¿Lo mataron a Diego?

El juicio por la muerte de Diego Maradona que se desarrolla en estos días está revelando detalles muy dolorosos sobre lo que fue su vida en sus últimos meses. Envueltos en una fuerte disputa sobre el manejo de su patrimonio, hubo frecuente choque entre su sus hijas y el último entorno de Maradona, que definió las condiciones de su tratamiento mirando por sus propios intereses y no por los de Diego. Quien durante toda su vida pudo resistir múltiples presiones para ser consecuente consigo mismo, perdió la última batalla.
No debe haber sido fácil ser Diego Maradona. Era demasiado buen jugador para que no le echaran el ojo desde muy temprano, muchos buitres que quisieron aprovecharse de su buena fe y de sus debilidades.
Pudo haber sido una marioneta de los mandamases del fútbol, algo así como el negro sumiso, el Tío Tom, que encarnaba Pelé, pero no hubo caso.
Se casó con la novia del barrio y nunca renunció a sus orígenes. Al empresario Macri le dijo "cartonero", y al dueño de la FIFA lo denunció por ser "un traficante de armas". En política internacional manifestó su admiración por Fidel y por Chávez, acompañó la decisión del "No al ALCA". Se propuso crear un sindicato de futbolistas. En Italia, reivindicó a los pobres del sur, llevó al triunfo al Nápoli y propuso que el Vaticano vendiera su oro para aliviar el flagelo de la pobreza.
Con Maradona, como con Evita, no había medias tintas. Se lo amaba o se lo odiaba. Y esto sucedió porque era el mejor jugador del mundo, pero también porque pudo rodearse de algunas personas muy sensatas que lo fortalecían.
Uno de esos amigos fue el profesor Fernando Signorini que lo acompañó durante diez años como su preparador físico y después cuando estuvo al frente de la selección. Conociéndolo tanto en una relación donde hubo mutuas influencias su caracterización de Maradona es una de las más completas y sensatas: "De Diego aprendí la realidad de los chicos que salen de condiciones socioeconómicas muy humildes y que tienen muy claro que a través del fútbol pueden hacer realidad los sueños de cambiarle el futuro a su familia y a ellos mismos. Aprendí el amor desmesurado que tenía por la pelota y por la camiseta argentina. De Maradona aprendí todo lo que tenían que enfrentar los chicos en el ambiente de un fútbol que cada vez se volvió más despiadado. Sobre todo, aquello ligado a la instrumentalización. El abuso que se hace de los jugadores y que nadie educa para que puedan tener un pensamiento crítico y a los que tratan de domesticar para que sean siempre prisioneros de un sistema que los absorbe, los domina y le impone su voluntad. Pero también fui testigo en la manera que Diego, primero, y Maradona después, hicieron lo posible para enfrentarse a ese poder, arriesgando no solo mucho de su carrera deportiva sino también de su salud".
Cuando lo entrevistaron a Signorini después de la muerte de Diego comentó que hacía mucho tiempo que no se veían y agregó que en un par de oportunidades Diego le pidió que lo visitara. Y él aceptó, poniendo como única condición que pudieran hablar a solas. Esa cita, nunca se concretó.
Esta anécdota, que es bastante parecida a la que cuentan sus hijas, muestran que Diego perdió su ultima batalla, y quedó a merced de un entorno que le filtraba sus relaciones con su familia y con sus viejos amigos. Esta situación se está verificando en el juicio donde distintos testimonios afirman que en los últimos tiempos, las peleas que se generaron alrededor de su vida tuvieron más que ver con lo económico que con los afectos.
Lo declarado por los peritos médicos, quienes hicieron su autopsia y algunos testigos, demuestra que aún siendo un paciente difícil, la atención que recibió estuvo muy por debajo de lo que necesitaba un enfermo con un cuadro de hipertensión, problemas renales y cardiológicos, cirrosis dual, y adicción al alcohol y los psicofármacos. Afirmaron que en sus ultimas horas, en que agonizaba, estuvo en condición de abandono.
También se ha expuesto que los abogados Matías Morla y Stinfale, junto a las hermanas de Diego, se beneficiaron por la cesión por parte de Maradona de los derechos sobre su nombre e imagen por diez años, una herencia que habitualmente le corresponde a los hijas y los hijos.
También se acusa a Morla de haber recomendado a parte del equipo médico que lo atendió cuando fue trasladado de una Clínica de Olivos a una casa ubicada en San Andrés, Tigre.
La fiscalía acusa de homicidio simple con dolo eventual en la muerte de Maradona, al neurocirujano Leopoldo Luque, al enfermero Ricardo Almirón, y al jefe de los enfermeros Mariano Perroni. También a Pedro Pablo Di Spagna, médico clínico, a Nancy Edith Forlini, médica coordinadora de Swiss Medical, a la psiquiatra Agustina Cosachov y al psicólogo Carlos Díaz.
El Diego, que con sus frases nunca pierde actualidad, hoy nos recuerda que "hay que ser muy cagones para no defender a los jubilados". Es la contrafigura política de los jugadores de la selección nacional y el técnico Scaloni, siempre muy cuidadosos en sus declaraciones, siempre muy pendientes de no malquistarse con sus esponsores económicos, y las máximas autoridades del fútbol mundial.
Por eso lo extrañamos tanto a Diego y nos duele que haya tenido una muerte que no merecía.
huellasdelsur.ar